martes, mayo 18, 2010

Lo que nos une

En la más reciente entrada de su nuevo blog, mi amigo el Sr. Fraseos cuenta una anécdota sobre el tren de vida de un vástago de la clase dirigente angoleña en Washington y lo escandaloso que resulta el nulo escándalo que su derroche provoca en trabajadores de una institución financiera multilateral dedicada a la lucha contra la pobreza. Aunque mi primer impulso sea el de compartir su irritación, hastío, rechazo y casi se diría que asco ante la situación, una reflexión más calmada me lleva a adoptar otro punto de vista muy distinto.
Creo que la entrada parte de un error desgraciadamente muy común: dividir el mundo en países pobres y países ricos. En efecto, esa distinción está desfasada y resulta del todo demodé. Es necesario, ya adentrados en el siglo XXI, adoptar perspectivas novedosas y asumir un enfoque integrador que ponga el énfasis en aquello que nos une, y no en lo que nos separa.
Si hay una característica que une a todos los países es que en todos ellos hay una élite pija y derrochadora. Ya se trate de una Paris Hilton de la vida o del hijo de un déspota local de una remota región del asia subtropical, en toda sociedad habrá siempre algún representante de esa casta acostumbrada a ver a los demás como seres inferiores y a demostrar su superioridad tirando de cartera.
Por lo tanto, desde una perspectiva integradora e igualitaria, no deberíamos seguir pensando en términos de países ricos/países pobres. Todos los países son ricos, la única diferencia es cultural: en unos, las élites gastan el dinero en móviles cubiertos de diamantes mientras en otros se organizan carreras de Mercedes de alta gama en el desierto. No hace falta repetir, por supuesto, que las diferencias culturales nos enriquecen.
Habrá quien quiera objetar que en determinados países hay mucha gente empobrecida. Sin embargo, el hecho de que en algunos países el porcentaje de población que vive en condiciones miserables sea mayor es tan sólo una curiosidad estadística, una anécdota. Que por esa nimiedad queramos a llamar "pobre" a un país sería tan estrambótico como llamar "país moreno" a España y "país rubio" a Noruega. Un sinsentido.
El despilfarro absurdo de las clases dominantes es, por lo tanto, lo que verdaderamente une a la humanidad. Y todos sabemos que la unión de los seres humanos es algo muy bueno y muy bonito. Querer emponzoñar esta visión por empeñarse en verlo de otra manera no es sino fruto del resentimiento propio de un progre trasnochado. O algo así.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Creo que la pobreza de los piases desarrollados es mas real y mas sutil.

Cual ha sido mi estado de animo desde que tengo uso de razón? nefasto.

1:29 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Comparto el análisis. Y da la casualidad que el amigo Zoellick se ha apuntado un tanto con una idea casi intuitiva.

http://news.myjoyonline.com/international/201004/44814.asp

Fr.

4:13 p. m.  

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