lunes, marzo 21, 2011

Lo que va de ayer a hoy

Me llama la atención la sutil diferencia que hay entre estos dos titulares, separados por tan sólo tres años:
Ambos titulares se refieren a estadísticas publicadas por Eurostat sobre PIB per cápita regional en la UE-27, medido en paridad de poder de compra (Purchasing Power Standards, PPS), en las que se comparan los resultados de las regiones europeas con la media del conjunto de la UE. En concreto, los documentos serían este (publicado en febrero de 2008, con datos de 2005) y este otro (publicado en febrero de 2011, con datos de 2008). En ambos casos, los resultados de las regiones españolas se encuentran en la página 4.
Si el cambio de enfoque entre ambos titulares resulta llamativo es porque la realidad a la que se refieren no cambia demasiado. Doce regiones españolas mejoran en sus resultados (sobresale Asturias, con una mejora del 7,54%) y otras siete empeoran (la que más, Canarias, que desciende un 3,95%). Andalucía y Madrid se mantienen prácticamente igual, aunque la primera desciende ligeramente (-0,49%) y la segunda avanza un 0,08%. Como dato curioso, el PIB per cápita Castilla y León se iguala con la media europea en 2008, tras haber encabezado en 2005 las regiones que se situaban por debajo de dicha media. Es decir, tres años atrás era "la mejor de las peores", mientras que en 2008 se situaba sobre el fiel de la balanza. Destaca, por último, que ambas noticias se olvidan de Ceuta, que sí figura en las estadísticas de Eurostat.
Lo que va de ayer a hoy es un cambio de actitud. Si en 2008 todavía era admisible hacer un esfuerzo por ser optimistas, en 2011 esa misma actitud resultaría de mal gusto. Por eso, incluso unos resultados relativamente positivos (y que no afectarían en nada a la interpretación del momento presente, porque se refieren a datos de hace tres años) se enuncian desde un punto de vista negativo.
No es sólo que en la noticia de Europa Press falte lo más importante en cualquier información, es decir: el contexto, la comparación con el entorno y el pasado para que el lector pueda interpretar los datos con un mínimo de perspectiva. Es que esa carencia sólo se entiende, precisamente, por el contexto.

jueves, enero 06, 2011

QPD.01: La Ley Antitabaco

Pues yo he entrado porque sabía que no había gente fumando dentro. Que antes no venía y ahora vengo más. Así que eso de que los bares van a cerrar porque no va a ir nadie es una mentira que dicen los que nos quieren enfermar de enfisema a los que no somos viciosos.

(Una señora, glosando sus elecciones personales en el bar donde he desayunado esta mañana)


Hace cosa de un mes: un señor se enciende un cigarro en un bar, acodado en la barra. El camarero le indica que está en la zona de no fumadores (la de fumadores ocupa la mitad del comedor). Por curiosidad, hago un recuento de cuántos carteles y signos informan de que no se puede fumar en esa parte del local. Hay al menos ocho, repartidos por todo el salón. Tres de ellos, con diferentes diseños, están tras la barra, enfrente del sujeto que apaga su cigarro con fastidio.
Con el tabaco, igual que con todo lo demás, creo que un adulto consciente, capaz e informado es libre (y responsable) de hacer lo que mejor le parezca con su cuerpo.
Los fumadores amenazan con dejar de ir a los bares. Antes, dada la escasez de bares para no fumadores, eran los anti-tabaco quienes aseguraban no ir a los bares porque les molestaba el humo.
Se calcula que un 35% de la población de España es fumadora (fuente).
Raras veces he visto a alguien consumiendo algo estrictamente saludable en un bar. Incluso el café, si se toma sin moderación, puede ser perjudicial. Entiendo que se prohíba fumar en colegios (¡los niños! ¿es que nadie va a pensar en los niños?), hospitales y recintos deportivos, pero un bar no es un templo de la salud.
Sin embargo, está la cuestión del lugar de trabajo: si prohibir fumar en el lugar de trabajo es una medida aceptable, hay que reconocer que los bares son el local de trabajo de los camareros.
Preguntan los anti-tabaco: si los fumadores tienen derecho a salirse del trabajo para fumar, ¿qué pasa con los trabajadores que no fuman?
En mi trabajo no está prohibido ir al baño, tomarse un café, beber agua o charlar con los compañeros, actividades en las que también se pierde tiempo. Poder salir a fumar no es una bula para hacer lo que te dé la gana: si el resultado de esas interrupciones es que los fumadores no cumplen sus obligaciones, serán abroncados o despedidos, como nos pasa a todos si la cagamos en el trabajo.
Cuando leía las amargas quejas de algunos anti-tabaco por la falta de locales exclusivamente para no fumadores, ya fuera porque no los encontraban, porque estaban muy lejos de su casa o porque en su pueblo/ciudad no los había, me acordaba de mi pueblo, en Lanzarote. En Güime no hay farmacia, ni centro de salud, ni instituto de secundaria, ni supermercado (aunque hay -si no ha cerrado- una pequeña tienda). Hay que ir en coche al pueblo de al lado (la cabecera del municipio) para acudir a cualquiera de estos servicios básicos, porque sólo pasa la guagua dos veces al día (si acaso). Se entenderá, pues, que siempre me ha costado mucho trabajo sentir empatía por quien no tiene la suficiente imaginación o diligencia como para hacerse el café en casa, si tanto le molestan los humos ajenos.
Es posible que la prohibición de fumar permita una mayor afluencia de familias con niños pequeños a bares y restaurantes. Es una esperanza para los hosteleros. Para mí no: los niños ajenos me resultan un incordio. Entiéndase: no odio a los niños y comprendo que se porten como tales, pero prefiero que no estén haciendo ruido a mi alrededor. Claro está, no creo que deba prohibirse a las familias con niños ir a los bares, pero yo trataré de evitar aquellos en que se encuentren.
Cuando se me pase el catarro y mejore el tiempo en este Madrid gélido (al menos, para mis carnes isleñas), comprobaré lo que se siente saliendo de fiesta y volviendo a casa sin oler a cenicero. Probablemente, no hará que mi vida sea mucho mejor, pero será un avance.
Fumé tabaco rubio durante unos años, cuando estaba en la Universidad. Luego me compré una pipa. Cuando empecé a notar que mi dentadura se resentía, me pasé a los puros. Tomar café y fumarme un puro mientras leía la prensa, después de comer, fue un ritual que conservé hasta que me harté de fumar tabaco reseco, por culpa del clima de Madrid, la baja calidad de los puros que me podía permitir y su negligente almacenamiento en los bares.
Todavía hoy fumo puros, aproximadamente un mes al año: cuando mis abuelos maternos emigraron a Venezuela con sus hijos, en los años 50, encontraron trabajo en la fábrica de puros de Cumaná. A la vuelta, varios de mis tíos conservaron el oficio. Cuando voy con mi madre a visitar a su familia, en La Palma, me gusta ir a ver cómo trabaja mi tío Mario, que además de contarme historias y explicarme las combinaciones que utiliza para rellenar apuestas de la lotería primitiva, me regala puros. Juntando estos y los que me regala uno de mis primos, que tiene su propia marca de tabacos, tengo para fumar un par de semanas (no todos los días) después de las vacaciones. Luego tengo síndrome de abstinencia un par de semanas y paso los siguientes diez meses sin fumar.
Ya sea durante mi mes fumador o durante el resto del año, el humo del tabaco rubio me provoca náuseas.
Me enerva que se hable de los fumadores como gente horrible que hace una cosa estúpida y molesta para dañar su salud y la de quienes les rodean. No digo que la imagen sea falsa, pero el tono paternalista, como si los demás no hicieran (hiciéramos) cosas estúpidas, dañinas y molestas, resulta hipócrita.
Cuando Trinidad Jiménez era Ministra de Sanidad, anunció el endurecimiento de las medidas contra el tabaco con la siguiente declaración: "la sociedad española está madura para prohibir fumar en todos los lugares públicos". Según Trinidad Jiménez, las decisiones políticas no se toman como parte de un proyecto (discutible, elegible... desechable, a la postre, si se elige a otro gobierno), sino que son fruto de la "madurez" de la sociedad. Se supone, por lo tanto, que quien no esté de acuerdo no es sólo alguien que disiente, sino un inmaduro que no quiere ver la realidad.
Que el Estado trate de proteger la salud pública es algo necesario. Que lo haga mediante leyes coercitivas es admisible. Que culpabilice a los fumadores, destacando los perjuicios del tabaco y sus costes sanitarios, sin resaltar al mismo tiempo cuántos ingresos genera en concepto de impuestos, es demagógico. Que se apruebe una ley a medio gas, que obliga a los propietarios de locales de ocio a acondicionar zonas separadas para fumadores y no fumadores, para luego, en vista de que no da los resultados previstos, endurecer la normativa y convertir el gasto realizado en algo inútil, es el colmo de la torpeza.
Se podría haber aprobado la ley desde un principio con el actual grado de prohibición. También, se podría haber optado por prohibir el tabaco en los locales pequeños y permitir que conservasen la zona para fumadores aquellos que estaban, hasta ahora, obligados a habilitarla.
Es muy cómodo y agradable, en efecto, entrar a un bar a tomarte un café y que no huela a tabaco.

Pensar

La pregunta más extraña que te pueden hacer es: "¿tú qué piensas de este asunto?", sea cual sea el asunto al que se refieran. Lo extraño de esta pregunta no es su significado literal, sino su significado real. Porque nadie te pregunta, en realidad, por tus pensamientos, sino que te pide que te alistes a un bando, y el catálogo de bandos al que acogerte suele ser muy escaso. En última instancia, son dos: los que están de acuerdo con el que pregunta, y los imbéciles desinformados. La mayor parte de las veces, esa elección de bando tiene que ver con una elección política: PP ó PSOE. No existe más, excepto si hablamos de nacionalismos, en que tendrás que ser nacionalista español o periférico, tú sabrás...
Así que el verdadero propósito de la pregunta de que hablamos es sondear el terreno para ejercer uno de los dos vicios favoritos de los selectores de bando: asentir en férrea comunión, o predicar para convertir al hereje (para escucharse a sí mismos teniendo razón, más bien). La posibilidad de discutir, entendiendo la discusión como la exposición de puntos de vista encontrados y razonados, es decir, como un ejercicio de dialéctica, es nula, porque la definición que alguien dio hace poco en el Focoforo de qué es una discusión en Internet es perfectamente válida para la vida lejos del teclado. Francamente, para que me conviertan en un hombre de paja, prefiero ser un león cobarde.
Sin embargo, el significado literal de la pregunta "¿qué piensas de...?" es muy interesante. En lugar de escoger un bando, ¿por qué no analizar los asuntos de verdad? No para llegar a conclusiones ni para pontificar, sino para considerar todo el enjambre de matices y múltiples puntos de vista que puede envolver cualquier cuestión. Y no para llegar a una beatífica y cordial equidistancia (más bien, en caso de encontrarle alguna utilidad, sería la de contar con el arsenal de argumentos necesario para poder llevarle la contraria a cualquiera), sino por el mero ejercicio mental de pensar de verdad sobre las cosas.
Siguiendo, a grandes rasgos, este propósito, voy a tratar de remediar mi sequía escritora preparando algunas entradas sobre varios temas que me parecen interesantes. El formato será el de un pequeño brainstorming en solitario, en el que se encadenen de forma desordenada ideas que me parezcan relevantes para el asunto que se trate. Esto será así por dos motivos: el primero, que elaborar un texto ordenado requeriría conducirlo hacia una conclusión, que se entendería estoy proponiendo como mía. Y aunque tenga opiniones propias, no son relevantes para las entradas (esto siempre me ha llamado la atención: ¿por qué la gente pregunta tu opinión, si ésta debería resultarles irrelevante? ¿por qué, además, asumen que si expones una idea la estás respaldando?). El segundo motivo para escribir las entradas de forma desordenada en lugar de articulada es que, como diría Jorge Lee, "eso es trabajo".

jueves, noviembre 25, 2010

Un resumen de Internet


Al menos, de la Internet para todos los públicos. La "otra", la que es para mayores de edad y menores sin vigilancia paterna, es inabarcable.

martes, octubre 19, 2010

El niño que podría reproducir el arte moderno, a punto de cumplir nueve años

Enrique Rodríguez, el niño más citado por los visitantes de museos de Arte Moderno, cumplirá nueve años en octubre. Ya sea porque conocen de primera mano la prodigiosa historia de Enrique o porque repiten una frase hecha, es a este tierno infante a quien se refieren todos los que, en algún momento, han exclamado "¡eso podría hacerlo un niño de ocho años!". Este precoz artista saltó a la fama hace aproximadamente un año, cuando fue investido Doctor Honoris Causa en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, en reconocimiento de su capacidad para reproducir cualquier obra de arte moderno.
"Quizás se le podría achacar cierta inconsistencia terminológica o metodológica cuando diserta sobre la pintura europea de los últimos cincuenta años, pero le basta coger un pincel para dejar boquiabiertos a catedráticos mucho mayores que él", afirma el Rector de la Universidad Complutense. "Por eso", continúa, "decidimos nombrarle Doctor y ofrecerle un puesto de profesor titular, para que pueda transmitir conocimientos prácticos a nuestros alumnos, que a veces llegan muy despistados a la Universidad". "Lo cierto es que las clases son imprevisibles", apunta un alumno, "a veces se aburre de estar ahí, se niega a pintar y sólo quiere que salgamos al parque a jugar a la pelota con él. Pero yo creo que, al final, está bien tener estas clases, por la historia esa de la enseñanza práctica que quieren meter con lo de Bolonia, ¿no?".
Por su parte, Enrique Rodríguez afirma que se siente muy agradecido por el reconocimiento y la atención que recibe. "A esa gente que me cita en los museos y galerías de arte, les doy las gracias de corazón, aunque les pido que a partir de octubre se acuerden de decir mi edad correctamente", expone con gesto serio. Sobre el descubrimiento de su capacidad artística, Enrique relata que "a mí siempre me gustó la pintura, sobre todo con rotuladores o ceras, pero cuando intenté copiar La Rendición de Breda en una cartulina, no me quedaron del todo bien las lanzas del fondo, así que pensé que sería mejor dedicarme sólo al arte moderno, que es mucho más fácil". Lo acertado de esta elección se comprobó poco después, cuando sus obras empezaron a ser reconocidas por el público y citadas profusamente en publicaciones académicas.
Sobre su porvenir, Enrique comenta: "el último año ha sido increíble, así que no sé qué esperar del futuro próximo. Quizás haga algo de escultura, o puede que me dedique a la videocreación, que está de moda últimamente" explica, encogiéndose de hombros, poco antes de dar por finalizada la rueda de prensa convocada en la Universidad con motivo de su próximo cumpleaños. Tras despedirse de los periodistas, se encamina hacia un aula, en la que le esperan decenas de alumnos que guardan un silencio reverencial.



Esto lo escribí hace un tiempo, con la intención de enviarlo a El Mundo Today y ver si decidían publicarlo. En vista de lo que publicaron ayer, supongo que ahora mismo sería redundante enviarlo.

sábado, agosto 21, 2010

Mi profunda ignorancia

Mi problema con la poesía
nace de mi profunda ignorancia
pues jamás comprendí el sentido
ni entendí la filosofía
de usar los renglones partidos
buscando una cierta elegancia.
Aunque es útil para cantar
y puede resultar eufónica
me es ajena la poética
y considero, en conciencia,
queen tre te ner seen con tar
las sílabas y señalar las tónicas,
desentrañar el ritmo, es una
anticuada tarea escolar
sin utilidad y absurda.
Y la rima, tan esquiva,
que a alterar de la frase
el orden a veces obliga
y su búsqueda obsesiva
puede hacer que fracase
el empeño de un poeta
que abuse de ripios
a base de participios
o de cualquier otra treta
para disimular con la métrica
lo que con otra escritura
sería una idea boba o patética
recargada de floritura.


Sin embargo, debo reconocer que en el instituto también perpetré algún ripio. La cumbre de mi obra poética fue una tercerilla (estrofa de tres versos, de arte menor), que surgió como un chiste. El profesor de Lengua y Literatura creyó necesario especificar, mientras explicaba en clase cómo hacer un comentario de texto, que "el resumen tiene que ser más corto que el texto en sí". Para poner a prueba esta tesis, compuse el siguiente poema, de aroma veraniego:
Lola:
"¡Hola,
ola!"

Más allá de esto, lo mío es la prosa.

jueves, agosto 19, 2010

El Origen de las cosas

Me envía Monsieur Cork, en un e-mail titulado "Inception", un enlace a esta interesante noticia. Aunque la historia es de diciembre de 2009, no está mal relacionarla con la película de Christopher Nolan, pues para poder insertar la idea del cupón ganador en la mente de la señora, además de la tecnología que aparece en la película, sería necesario realizar un viaje en el tiempo.
Pero, ¿qué ocurriría si se calculase mal la duración del viaje? Por ejemplo, si los viajeros llegasen al pasado un día antes de lo debido, aunque desarrollan el resto del plan de acuerdo con lo previsto. Consiguen implantar el número del cupón ganador en el sueño de la señora, que al despertar va al punto de venta, pide exactamente ese número y, por la noche, sigue el sorteo por televisión con un extraño presentimiento... y no saca nada. Sin embargo, dos días después, al pasar frente al kiosco de la ONCE, ve que el número soñado resultó premiado en el siguiente sorteo y se apoderan de ella, a partes iguales, un sense of wonder y una rabia que no se puede aguantar...
Pero entonces despierta y se da cuenta de que sólo estaba soñando, así que decide ir a comprar el número de la ONCE, tal y como lo soñó, y seguir jugando ese mismo número todos los días hasta que salga. Entonces, tras algunos sorteos, acaba ganando 35.000 euros y se ve a sí misma, henchida de gozo, cobrando un dinerillo que equivale, aproximadamente, al salario de casi dos años...
Pero entonces despierta y advierte que sólo estaba soñando que soñaba y ganaba la lotería. Se levanta y recuerda que, en realidad, acaba de ser designada para un alto cargo del Consejo Insular de Mallorca y de repente le vuelve ese hormigueo de disgusto al recordar que, en la toma de posesión, tendrá que jurar la Constitución, cuando ella es independentista catalano-balear. Sin embargo, ve en el telediario matutino que algún político de ERC en Cataluña ha jurado su cargo con la fórmula "por imperativo legal, juro", lo que supone un alivio, pues parece una forma adecuada de soslayar según qué contradicciones y le permite ejercer una parcela de poder sin comprometer, al menos a priori, su coherencia ideológica...
Pero entonces despierta y se da cuenta de que ha estado soñando que soñaba soñar y que, en realidad, es una salmantina de veintipocos años que acaba de terminar sus estudios universitarios y se prepara para presentarse a unas oposiciones dentro de uno o dos años, mientras vive en Salamanca con su novio independentista gallego, lo que le ocasiona algún que otro disgusto cuando el chaval, que por otra parte es buena persona, se empeña en culparla personalmente de la opresión colonial que sufre la cultura gallega, sólo porque ella le pregunta "¿cariño, vamos a La Coruña este fin de semana?" y, para colmo, luego el muy bruto se ofende cuando, en la discusión subsiguiente, ella le replica "pero, ¿¡¿acaso no dices tú en gallego Castela e León, joder?!?". Sin embargo, ahora que ha comprendido, gracias al sueño, los contradictorios sentimientos que anidan en la mente de un/a independentista/o, ha aprendido que debe ser más tolerante con las manías ajenas y tener un poco de "mano izquierda" ya que, después de todo, el chico se cuida bastante y además es ingeniero, así que, ¿qué más quieres, hija mía? Además, como también ha aprendido cuán importante es asegurarse un cierto nivel de ingresos, decide preparar las oposiciones con una constancia cercana a la obstinación, que no están los tiempos para aventuras ni para depender del mercado.
Pero entonces...

jueves, agosto 12, 2010

Anexo

Pese a los efectos adversos (desconfianza, hastío, rechazo) que puede producir sobre la opinión pública, la estrategia de la crispación es la más coherente con el objetivo último del partido opositor: convertirse en partido gobernante. Sólo el desgaste del partido en el Gobierno puede alterar el apoyo electoral de manera suficiente para propiciar el cambio político. Esto se demuestra con facilidad a través de un breve análisis de las estrategias alternativas:
* La denominada "oposición constructiva", en la que el partido opositor negocia las políticas con el Gobierno, tiene como principal inconveniente que anula cualquier necesidad de cambio. Desde el punto de vista del votante desideologizado, si el país funciona gracias a la colaboración de los principales partidos, ¿qué necesidad puede haber de alterar la correlación de fuerzas entre ellos? Peor aún es el efecto que tiene esta estrategia sobre los votantes que se identifican firmemente con un partido o una ideología y que, del mismo modo, se posicionan en contra de los demás. Con una oposición constructiva se corre el riesgo de que estos votantes retiren su apoyo al partido opositor, pues no tolerarían que colaborase con un gobierno al que debería enfrentarse.
En resumen, la oposición constructiva no atrae votos y aumenta el riesgo de perder el apoyo de los votantes extremistas. Por ello, los partidos que utilizan esta estrategia suelen ser aquellos que no aspiran a gobernar, sino a negociar ventajas concretas para una región o colectivo determinado.
* En el caso del ejercicio de la oposición política a través de la formulación positiva de alternativas a la acción del Gobierno, se corre el riesgo de que estas sean adoptadas por el partido gobernante, quizás con pequeñas variaciones, de modo que este logre apropiarse de su mérito (y de su rédito). En el caso de formular las alternativas sólo en términos generales, para evitar el plagio, se corre el riesgo de generar desconfianza por lo inconcreto de las propuestas. Además, se cae de lleno en la paradoja de la oposición: "este partido sabe cómo solucionar los problemas del país, pero sólo desvelará el secreto cuando los votantes lo elijan por mayoría". No parece que el chantaje sea una fórmula exitosa para ganarse el afecto del electorado.
Por lo tanto, sólo la crispación y el ataque continuado al partido gobernante pueden conducir al vuelco electoral. La colaboración provocaría que no se percibiese necesidad alguna de cambio y la formulación de alternativas podría erosionar la credibilidad del partido opositor. Al fin y al cabo, la política no es nunca una cuestión de programas o proyectos (basta con prometer que se hará "lo necesario"), sino de imagen. Por eso, siendo tan escasas (o caras) las estrategias para mejorar la imagen propia, destruir la del contrario será siempre un recurso efectivo para ganarle la partida.

martes, julio 27, 2010

Manual para el ejercicio de la oposición política

Considérese que un responsable político, para tomar una decisión ante cualquier asunto que se presente durante el ejercicio de su gestión y en el área de sus competencias, seguirá un protocolo que comprenda, al menos, los siguientes pasos:
  1. Meditar (a) la conveniencia de adoptar o no (b) alguna medida;
  2. Si es necesaria una medida, deberá identificar aquellas que son factibles (c);
  3. De entre las medidas factibles, tendrá que elegir las deseables (d);
  4. De entre las deseables, escoger aquella que minimice gastos (e) o perjuicios (f), o bien maximice beneficios (g);
  5. Una vez elegida la mejor opción (h), deberá formularse correctamente (i), negociarse (j), en su caso, aprobarse (k) y ejecutarse (l).
  6. Por último, sería conveniente evaluar lo realizado (m) e identificar las posibles mejoras que puedan introducirse en el futuro (n).
Una vez sistematizado dicho proceso de toma de decisiones, podemos definir la labor de la oposición como el uso de las siguientes vías de ataque a la gestión del Gobierno al que se quiera desgastar:

  1. "El Gobierno ha actuado con precipitación", o bien "El Gobierno no ha sabido responder con la debida celeridad";
  2. "La intromisión del Gobierno sólo puede empeorar la situación", o bien "La irresponsable inactividad del Gobierno agravará las consecuencias";
  3. "Las propuestas del Gobierno son irreales", o bien "El Gobierno obvia soluciones más sencillas y eficaces";
  4. "Este Gobierno carece de prioridades definidas", o bien "El Gobierno desconoce las necesidades de los ciudadanos", o "El Gobierno plantea unos objetivos peligrosos";
  5. "El Gobierno escatima esfuerzos";
  6. "El Gobierno perjudica gravemente a quienes sufren sus medidas";
  7. "El Gobierno sólo beneficia a sus amigos/sus votantes", o bien "El Gobierno no tiene en cuenta las verdaderas necesidades de la población";
  8. "El Gobierno es incapaz de adoptar decisiones correctas";
  9. "El Gobierno es incapaz de formular una política coherente";
  10. "El Gobierno es rehén de grupos minoritarios que atentan contra el interés general";
  11. "El Gobierno impone sus medidas como un rodillo", o bien "El Gobierno carece de iniciativa";
  12. "El Gobierno se empeña en seguir adelante con sus políticas ineficaces", o bien "El Gobierno no cumple lo prometido".
  13. "Los resultados de las políticas de este Gobierno son paupérrimos", o bien "Las nefastas medidas de este Gobierno han dado el único fruto que podían dar: ninguno";
  14. "El Gobierno necesita rectificar a cada paso", o bien "El Gobierno es incapaz de rectificar".
    Negar cualquier mérito o capacidad al adversario y proclamarlo a los cuatro vientos es un requisito indispensable para dominar el arte de la irritación perpetua. El objetivo es que esta irritación mine la credibilidad del Gobierno y alimente en el público la convicción de que es necesario un cambio. Así, sembrando cizaña se recogerá, con el tiempo, una buena cosecha electoral.

    martes, junio 01, 2010

    Siete consejos para ser buen presidente

    1. Debes en todo momento hacer gala de tu bonhomía. Con eso conseguirás que tus adversarios te llamen tonto y que tus competidores (dentro de tu partido) te consideren maquiavélico y cínico. Es posible que, si al final tienes que tomar decisiones impopulares, aquellos a quienes habías conseguido caer simpático se sientan traicionados. Déjales claro, no obstante, que sigues siendo buena persona.

    2. Promete mucho. Promete dar más, de todo, a todo el mundo, siempre. Ignora cualquier objeción que te hagan relativa a la sostenibilidad o la justicia. Además, reparte lo mismo para todo el mundo, ya sea que lo necesiten o no, aunque para dar también a los segundos tengas que ofrecer a los primeros menos de lo que necesitarían.

    3. La coherencia es irrelevante. En un mismo discurso se puede defender la reducción de emisiones contaminantes y la subvención a la compra de automóviles. Sostenibilidad ambiental y medidas de ayuda a un sector en dificultades, todo en uno. Eres, en efecto, una estupendísima persona.

    4. No te preocupes por la eficacia. La eficacia es propia de tipos fríos y desagradables, no de buenas personas. Lo importante es sonreír, decir palabras bonitas y serenas, comprar el aplauso de jubilados y jóvenes y ver la vida pasar. Si las cosas se tuercen y te reclaman no haber hecho nada, échale la culpa a los que no son buenas personas.

    5. Transmite siempre confianza. Si las cosas van mal, afirma que irán mejor el próximo mes. Dentro de un mes, asegura que todo cambiará en el trimestre siguiente. Lo importante es que te oigan decir que todo mejorará. Al fin y al cabo, no debe de haber tanta gente que conozca la fábula del pastor y el lobo.

    6. Recupera la mejor tradición de los años ochenta. Ya sabes, esa década en que la derecha consiguió todos sus objetivos con Thatcher y Reagan, mientras la izquierda luchaba para que en las series de televisión las mujeres y los negros tuvieran papeles más relevantes y positivos. Así pues, haz de las políticas de identidad y de reconocimiento el eje central de tu política: no hay que cuestionarse el papel de la banca, sino procurar que haya tantas mujeres como hombres al frente de los Bancos.

    7. Por último, llegado el caso en que tengas que elegir, recuerda siempre esto: debes gobernar al dictado de los intereses de la banca y los empresarios. No importa qué sacrificios sean necesarios para que los mercados financieros confíen de nuevo en ti. Sobre todo, no se te ocurra hacer ninguna reforma real: no racionalices el gasto, no luches contra la infinidad de fraudes cotidianos que minan la sostenibilidad de lo público, no reformes el sistema impositivo, no trates de cambiar o replantear nada... Este país es y seguirá siendo lo que era y debe permanecer en las mismas manos en que ha estado siempre. Tu papel no ha sido ni puede ser otro que cubrir esa realidad con un disfraz de modernidad y buenas intenciones. Ahora, hazte el haraquiri y déjalo todo en orden para cuando llegue la siguiente marioneta.