jueves, diciembre 25, 2008

Feliz Navidad

Volver a casa, aunque sea por una semana. Quedarme en casa: hay amigos que ver, pero esta calidez de una rutina hace tiempo abandonada es perfecta para desconectar. Comer diez personas en una mesa para seis. Bendecir la mesa para practicar la gula. Explorar los límites del empacho en una cena y un almuerzo. Conversaciones fugaces entre bocado y bocado, opiniones fáciles, recuerdos siempre iguales, la locuacidad incómoda y errática de mi abuela. Indiferencia mal disimulada.
Si, al menos, creyera en ello... Pensamos que hay que estar con la familia en Navidad de la misma forma que notamos más la soledad el 14 de febrero: porque, de tanto oírlo, suponemos que debe ser así. Un rito repetido, sin necesidad de trasfondo o contenido.
Y así, con la perplejidad de quien participa en una celebración conocida pero ajena, y al calor del lugar donde están una parte de mis raíces, es como he pasado esta semana de vacaciones. El lunes me espera el trabajo, ahora sí trabajo y no sólo clases de idioma.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Es verdad. Se supone que hay que estar juntos, ¿y porqué? El otro día me di cuenta. Sólo he ido para nochebuena y Navidad porque no soportaba pasarla lejos de mi familia. Siempre nos hemos reunido para cenar, siempre los cuatro: mis abuelos, mi madre y yo (este año se sumaron Pin y Benancio, jeje). Con villancicos de tocadiscos de fondo. A continuación de la cena, misa del gallo. Para mi abuela y para mí ahí está el sentido: es una fiesta religiosa donde celebramos algo importante para nosotras. A la gente eso le suena de fondo. Sin embargo, el comienzo fue así. Para comer para reventar, hay muchos más días en el año, ¿no te parece?

11:08 a. m.  

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