jueves, agosto 12, 2010

Anexo

Pese a los efectos adversos (desconfianza, hastío, rechazo) que puede producir sobre la opinión pública, la estrategia de la crispación es la más coherente con el objetivo último del partido opositor: convertirse en partido gobernante. Sólo el desgaste del partido en el Gobierno puede alterar el apoyo electoral de manera suficiente para propiciar el cambio político. Esto se demuestra con facilidad a través de un breve análisis de las estrategias alternativas:
* La denominada "oposición constructiva", en la que el partido opositor negocia las políticas con el Gobierno, tiene como principal inconveniente que anula cualquier necesidad de cambio. Desde el punto de vista del votante desideologizado, si el país funciona gracias a la colaboración de los principales partidos, ¿qué necesidad puede haber de alterar la correlación de fuerzas entre ellos? Peor aún es el efecto que tiene esta estrategia sobre los votantes que se identifican firmemente con un partido o una ideología y que, del mismo modo, se posicionan en contra de los demás. Con una oposición constructiva se corre el riesgo de que estos votantes retiren su apoyo al partido opositor, pues no tolerarían que colaborase con un gobierno al que debería enfrentarse.
En resumen, la oposición constructiva no atrae votos y aumenta el riesgo de perder el apoyo de los votantes extremistas. Por ello, los partidos que utilizan esta estrategia suelen ser aquellos que no aspiran a gobernar, sino a negociar ventajas concretas para una región o colectivo determinado.
* En el caso del ejercicio de la oposición política a través de la formulación positiva de alternativas a la acción del Gobierno, se corre el riesgo de que estas sean adoptadas por el partido gobernante, quizás con pequeñas variaciones, de modo que este logre apropiarse de su mérito (y de su rédito). En el caso de formular las alternativas sólo en términos generales, para evitar el plagio, se corre el riesgo de generar desconfianza por lo inconcreto de las propuestas. Además, se cae de lleno en la paradoja de la oposición: "este partido sabe cómo solucionar los problemas del país, pero sólo desvelará el secreto cuando los votantes lo elijan por mayoría". No parece que el chantaje sea una fórmula exitosa para ganarse el afecto del electorado.
Por lo tanto, sólo la crispación y el ataque continuado al partido gobernante pueden conducir al vuelco electoral. La colaboración provocaría que no se percibiese necesidad alguna de cambio y la formulación de alternativas podría erosionar la credibilidad del partido opositor. Al fin y al cabo, la política no es nunca una cuestión de programas o proyectos (basta con prometer que se hará "lo necesario"), sino de imagen. Por eso, siendo tan escasas (o caras) las estrategias para mejorar la imagen propia, destruir la del contrario será siempre un recurso efectivo para ganarle la partida.

1 Comments:

Blogger Lilith said...

Y lo más triste es que tienes razón...

12:32 p. m.  

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