sábado, junio 21, 2008

Fútbol, toros y medicina

En este país, todo el mundo se cree con capacidad y derecho a sentar cátedra sobre tres temas: fútbol, toros y medicina. Mi buen amigo Ángel me ha pedido que opine sobre dos asuntos relacionados con esos temas, así que, sin pensarlo demasiado, me preparo para pontificar...
¿Pasaremos de cuartos?
Yo pensaba que sí, que este año la selección española de fútbol iba a ganar la Eurocopa, pero ahora veo que no. Me explico:
La prensa deportiva siempre intenta convencernos de que España va a ganar cualquier torneo que se le ponga por delante. Da igual que el único trofeo que haya ganado la selección sea la Eurocopa del 64 que, por cierto, se jugó en España. Da igual cuál sea el estado de forma o de ánimo de los jugadores. Para nuestra prensa deportiva, España tiene cualquier torneo casi ganado de antemano.
Aparte: la prensa deportiva me fascina tanto como me irrita. Por un lado, me fascina que sea posible editar varios periódicos centrados en un mundo en el que sólo pasa algo una vez a la semana, y sólo pasa algo interesante una o dos veces al año. Por otro lado, me irrita el forofismo, la histeria y la total y descarada falta de objetividad (y de vergüenza) de los periodistas deportivos. Algunos comentaristas consiguen que, con sólo escucharles unos minutos, me ponga de parte de cualquier deportista no-español que compita con uno autóctono.

Lo curioso es que tanto histerismo por la selección, pese a chocar una y otra vez con la dura realidad, no llega a desaparecer del todo. Este fenómeno me ha hecho llegar a una conclusión (que quizás es más fruto de mi empacho por tanta euforia que de una serena reflexión): si alguna vez España gana algo, será porque nadie se lo espere, porque nadie haya dicho que lo íbamos a ganar, porque ningún periodista malgastó su elocuencia en glosar las innumerables virtudes de nuestros jugadores, olvidando que los demás también juegan. El día que España consiga ir a un torneo con la mentalidad de "bueno, vamos a ver si jugamos bien y disfrutamos del buen fútbol que juegan todas las selecciones del torneo"... ¡ese día arrasan!
Por eso, como esta vez nadie decía que íbamos a ganar sin salir del vestuario, como esta vez la gente opinaba en los bares "tanto pase y pa'ná... vaya mierda de equipo", como esta vez no había euforia, yo me callaba y pensaba "¡Coño! A lo tonto, a lo tonto... ¡este año ganamos!" Pero, claro, llega Villa, le marca tres goles a Rusia, y se nos jodió el invento. No hace falta más que ver el Marca o el As para comprender que este año, otra vez, nos vamos a casa en cuartos.

¿Qué opino de José Tomás?
Maltratar a un animal me parece algo horrible. También me parece horrible el boxeo. Sin embargo, admiro a Muhammad Alí. Me parece una figura que trasciende el mero hecho de darse tortas en un cuadrilátero. Alguien que se queda quieto recibiendo golpes de su contrincante hasta agotarlo y luego lo noquea con tres puñetazos, sabe algo de la vida que ni tú ni yo sabemos. Y alguien que se niega a ir a Vietnam porque "ningún vietcong me ha llamado nigger" merece estar en un altar.
¿Y qué hay de José Tomás?
Si el toreo tiene algún sentido, más allá del mero espectáculo de torturar a un animal o de servir como excusa para que las clases altas se dejen ver en localidades de sombra, es el de ser una representación de la lucha entre la vida y la muerte, una catarsis. Pero, claro, no estamos en los tiempos en que "más cornadas da el hambre". Ningún torero parece dispuesto a morir: todos se apartan y nadie quiere torear nada que tenga más peligro que una cabra mareada. Como dijo Ángel alguna vez, "con toreros metrosexuales que no quieren morir, no vamos a ningún lado". Por eso, aunque el toreo me parezca un espectáculo sangriento y cruel, puedo reconocer que José Tomás le da algún sentido, arrimándose al toro y exponiéndose a las cornadas.
Ahora bien... ¿eso es todo? No, también se pueden ver las cosas desde otro ángulo. Por mucho que José Tomás se arrime, los ganaderos sólo pueden vender animales que los toreros quieran torear. Es decir, ninguno cría toros de verdad que se podrían defender en la plaza, sino esas cabras mareadas que dije antes. Así que José Tomás corre riesgos, pero no tantos. Además, quizás le convenga salir a cogida por oreja, como en su última corrida en Las Ventas: apenas le pasó nada y todo el mundo habla de su valentía, de su toreo verdadero, etc... Mirándolo con los ojos empañados de marketing, me parece que José Tomás se ha labrado un personaje trágico a base de dejarse revolcar por toros mansos. Una vez perfilado el personaje, basta con confiar en el morbo de la gente y en lo fácil que resulta deslumbrarla con cualquier cosa etiquetada como "auténtica", para hacer caja.
Por cierto, que con la "autenticidad" de José Tomás se da una curiosa paradoja: sus fanáticos afirman que es un torero de verdad, no como esos otros que sólo salen en las noticias del corazón. Sin embargo, después de sus últimas cogidas, todos los magazines de actualidad hablaban de él. Todos y cada uno. Además, tengo la impresión de que la mayoría de las veces esa estiqueta se la cuelga gente que no sabe nada de toreo, pero que se deja llevar por cualquier fenómeno mediático. Si a Joaquín Sabina y a Almudena Grandes les encanta, y El País habla de él, entonces debe ser bueno. "Auténtico".
En conclusión, creo que las dos cosas que importan de todo este asunto son que a los pobres toros los siguen torturando y que José Tomás es un producto bien diseñado que ha encontrado su público. Que le aproveche. Yo seguiré pensando que, donde esté una buena corrida, que se quite el fútbol... y los toros.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Grande Jero!

Aquí naidie habla de toros en las tabernas y se echa de menos. Por momentos creí estar en Las Ventas con Antonio detrás del burladero tirando cañas y tapas de chorizo.

4:00 p. m.  
Blogger Lilith said...

Pues ganamos... quien lo hubiera dicho. Para una vez que no pierden en cuartos...

1:45 a. m.  

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