lunes, diciembre 30, 2013

Contra el amor

Hace quince días, el señor Fanshawe enlazó en su perfil de Twitter este vídeo de Miley Cyrus:
Acostumbrado a la imagen de Miley Cyrus que transmiten los medios, que no dejan pasar ninguna oportunidad de escandalizarse porque una mujer de veintiún años que puede hacer lo que quiera haga, precisamente, lo que le da la gana, me sorprendió que cantase tan bien. No lo dudaba, pero como normalmente no me interesa la música que hace, tampoco había podido comprobarlo. La canción que interpreta en el vídeo, Jolene, es un éxito de Dolly Parton, estrella del country de la que sólo sé que escribió esta canción y que apareció en un capítulo de Los Simpsons. Otros grupos que han tocado Jolene son The White StripesMe First and the Gimme Gimmes, aunque la versión más curiosa que me he encontrado consiste en el single original, reproducido a 33 rpm.
Después de escuchar esta canción varias veces en las últimas dos semanas, empecé a prestar más atención a qué decía la letra y me surgieron varias dudas. En primer lugar, la protagonista de la historia suplica a la tal Jolene que no seduzca a su marido. Ahí, la opinión del marido no parece contar para nada: ni para confiar en que se mantenga fiel a su esposa (aunque diga el nombre de la otra en sueños), ni para asumir que, como ser humano con libre albedrío, tiene derecho a irse con otra (o no) si así lo decide. Al parecer, qué ocurra con el marido en cuestión es un asunto que deben discutir únicamente la esposa y la amante en potencia.
Pero lo grave no es eso, sino que el principal argumento de la sufrida esposa es que, si Jolene se lleva a su marido, ella "nunca más podrá volver a amar" porque "él es el único para mí". Ahí me dan ganas de animar a Jolene a que ponga a trabajar su "belleza incomparable", su "piel de marfil, ojos de esmeralda, su pelo cobrizo" (ay, las pelirrojas...) y su "sonrisa como un aliento de primavera", para alejar al pobre marido de una mujer con tan poco respeto por sí misma como para que su capacidad de amar dependa de que sea correspondida por una única persona, sin alternativa. 
Aunque el mito de la "media naranja", única e irreemplazable, que debemos buscar para sentirnos completos, tenga un origen tan ilustre como El Banquete, de Platón, no deja de ser una idea estúpida y peligrosa. En primer lugar, todo individuo es una persona completa por sí mismo y con eso debería bastarle, sin esperar que otra persona venga a "completarlo". En segundo lugar, esa idea impone una carga insoportable sobre la otra persona, que si decidiera terminar con la relación estaría, de hecho, destruyendo a su pareja. Por último, habría que considerar una anomalía estadística que sólo una persona entre los miles de millones que existen en el planeta "esté hecha para mí". Además, si de verdad existiera sólo una persona así en el planeta, lo realmente anómalo sería encontrarla.
Por no hablar de la barbaridad que supone decir "significas mucho para mí" o, como en el párrafo anterior, "esta persona está hecha para mí". Eso es terrorismo ontológico: nadie "está hecho" para otro. Y si alguien significa algo para ti, eso no es responsabilidad suya, ni le obliga a nada, ya que dicho "significado" no es más que una idea en tu cabeza. Creer lo contrario es narcisista.
De todos modos, ¿qué puedo saber yo, que llevo más de una década soltero? Más aún, ¿qué puedo saber yo si la mejor canción que conozco sobre el amor trata, en realidad, de matemáticas?

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Mayormente...


Corkchen

6:05 p. m.  
Blogger Cronista Disperso said...

En Hefesto...

11:04 p. m.  

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