miércoles, noviembre 20, 2013

Repostería y dichos populares

Esta mañana estaba en la biblioteca, sentado delante de un libro de econometría y, como es obvio, mi mente estaba en algún otro lugar. Recordé una expresión que leí no hace mucho: "hacer pan con unas tortas" y me puse a darle vueltas.
Lo primero que recordé es que hace años había oído algo similar: "hacer pan con buenas hostias", que parece designar al hecho de emplear un considerable esfuerzo para conseguir un bien considerado inferior a partir de otro que se tiene por superior. Esto último lo supongo porque a quien le oí esta expresión era católico practicante (creo) y porque creí entender que se refería a hostias ya consagradas. Es decir, "hacer pan con buenas hostias" es una pérdida de tiempo y un gasto estúpido.
No obstante, la expresión "hacer pan con unas tortas", al ser una versión laica del mismo concepto, plantea otras cuestiones. Cuando uno transforma una hostia le está quitando un atributo superior (al menos, para alguien que comulgue con ese sistema de creencias) para convertirla en algo mundano e inferior: la priva de lo más elevado y la rebaja a la mundana categoría de alimento. Pero una torta y un pan pueden compararse en plano de igualdad: de partida, ambos son alimentos. Entonces, ¿es siempre preferible una torta a un pan? No necesariamente: tanto por sabor como por consistencia o forma, un pan puede ser preferible a una torta. Dependerá, en todo caso, de las circunstancias. Así, "hacer pan con unas tortas" deja de ser necesariamente estúpido y el juicio que nos merezca tal acción dependerá del contexto.
Así pues, al elegirse la versión laica, ¿se ha perdido por el camino el sentido original de la expresión, todo por culpa del pérfido relativismo?
No corramos tanto, que no hace falta Dios para señalar la estupidez en el mundo. Para convertir una torta en pan sería necesaria una tecnología que permitiera extraer de aquella los ingredientes comunes a ambos, para luego cocinarlos, con los añadidos que haga falta, en forma de pan y (es de suponer) desechar los ingredientes no comunes. Podemos suponer también que todo el proceso será costoso en términos de energía y tiempo. Además, si no se quiere desperdiciar el sobrante de la frustrada torta, habrá que refrigerarlo, con el consiguiente gasto de energía. El tiempo es un maní y la energía es cara, así que para convertir unas tortas en pan hay que gastar una considerable suma de dinero. Y, si tienes dinero, ¿por qué no guardas las tortas para luego y vas a comprar pan, alma de cántaro?

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