domingo, octubre 14, 2012

Por qué creer

Por motivos que no vienen al caso, últimamente he tenido ocasión de escuchar retazos de algunos programas de divulgación católica que emite el canal de televisión 13TV. Yo trato de abstraerme con el ordenador mientras mi abuela ve esos programas, pero por poca atención que preste, siempre hay algún fragmento que atrae mi atención. Así me he enterado de que esta semana fue el cincuentenario de la primera sesión del Concilio Vaticano II*, efeméride que el Papa ha querido celebrar declarando un "Año de la Fe", durante el que la Iglesia Católica se propone profundizar en los postulados del citado Concilio y dar un renovado impulso a la misión de la Iglesia (supongo que se refiere a reforzar el proselitismo). Todo este asunto del Año de la Fe motivó a los comentaristas de 13TV a embarcarse en sesudas reflexiones sobre Jesucristo, la fe, la salvación, etc. Aparte de la sorprendente capacidad de algunos sacerdotes de emplear de forma recurrente argumentos circulares sin morirse de la vergüenza, ni nada, me llamó la atención una serie de razonamientos que escuché en uno de esos programas. 
Al parecer, el Papa afirma, en su reciente encíclica Porta Fidei, que las crisis y penalidades que padecemos tienen su origen en "el abandono de la fe y el desconocimiento de Dios". Lo curioso no es tanto que se establezca un nexo causal que no se demuestra ("el abandono de la fe provoca una serie de padecimientos"), ni que se califique negativamente determinados hechos o actitudes que no lo son necesariamente, o que se atribuyan dichos (presuntos) padecimientos en exclusiva a nuestro tiempo, cuando no parecen ser, ni mucho menos, privativos del presente. Lo más curioso, a mi juicio, es que de dicho axioma  parece deducirse un argumento utilitarista: si no queremos pasar por estos padecimientos, debemos volver a la fe. Esto, junto con la relevancia que se otorga a la comunidad de los creyentes frente a la soledad del individuo que desconoce a Dios (esta soledad radical sería el infierno, según afirmaba el actual Papa cuando sólo era Inquisidor), parece constituir un catálogo publicitario sobre las ventajas de la fe. Se diría que, como si de la publicidad de un seguro de automóvil se tratase, la Iglesia trata de vender las ventajas de su credo enumerando sus coberturas: sentimiento de pertenencia a una comunidad, refuerzo de un código de conducta virtuoso y seguridad ante la barbarie. Y salvación eterna, claro.
Sin embargo, en otro programa (o quizás fuera el mismo, en otro momento) se insistió en que el cristianismo no es sólo un conjunto de normas y una moral (que también) sino que, para vivir plenamente la religión, resulta fundamental "encontrar a Cristo" y aceptarlo como salvador. Este último requisito me desconcierta un poco: es como si a la compañía de seguros no le bastase con que firmaras la póliza y te exigiera simpatizar con sus comerciales. Ya habían dejado claras las bondades del catolicismo como ideología unificadora y como sistema de control social. ¿Para qué añadir que quien se limite a comportarse como un católico no lo es del todo, a no ser que interiorice también el mensaje redentor de Cristo? ¿No basta con mimetizarse, hay que convencerse?
Supongo que piensan que ese convencimiento es esencial para reforzar una adhesión que, de otra manera, podría resultar débil o mudable. O quizás lo consideran necesario como elemento diferenciador (al fin y al cabo, casi cualquier ideología puede servir a los fines de unidad y control), y que estiman imprescindible que a su imagen de marca se asocien de manera indisoluble las ideas de salvación y vida eterna. O quizás sea que, habiéndose manejado toda la vida con la convicción de la verdad revelada, no se sientan cómodos con el prosaico utilitarismo que implica el eslogan "hágase usted devoto cristiano: resulta conveniente y socialmente responsable".

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* También en octubre de 1962 se estrenó, en Londres, la primera película de James Bond, salió al mercado el primer single de The Beatles y se desarrolló la crisis de los misiles de Cuba. Es curioso que buena parte de los hechos que uno asociaría con la primera mitad de los años sesenta ocurrieran en menos de cuatro semanas.

1 Comments:

Anonymous Alí Omar said...

Que bueno que volviste!

6:30 p. m.  

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